La gestión por compromisos, una fórmula para el mejoramiento contínuo

La semana pasada relaté por primera vez el curso “La gestión por compromisos: una fórmula para el mejoramiento continuo”, que tiene por objeto entregar una primera aproximación a la gestión del desempeño mediante la co-construcción de compromisos smart. Aquí les dejo la presentación.

Más información sobre los principios guía para la gestión por compromisos (gestión del desempeño mediante compromisos) aquí
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Principios guía para la gestión del desempeño*

Generalmente, cuando se trata de implementar dispositivos para gestionar el desempeño, se le suele dar mayor importancia a la evaluación (ya he mencionado mi posición a este respecto en un post anterior), lo que en resumidas cuentas cambia el foco de atención hacia “después” del desempeño, mientras que es “durante” este, que se encuentra el mayor potencial para maximizar los resultados, que es lo que en definitiva, le otorga valor a este tipo de dispositivos.

Tomando en consideración lo anterior, entremos en materia: Creo que es fundamental tener en cuenta algunos principios guia a la hora de pensar en un sistema para la gestión del desempeño, anotarlos en algún papelito visible desde nuestro escritorio e interrogarse a este respecto en cada una de las etapas: diseño, validación, implementación y evaluación de un dispositivo de estas características.

a) El primero de estos principios dice relación con La Comunicación. Por obvio que parezca es necesario tener en cuenta que primero que nada, gestionar el desempeño implica comunicarse, y en este sentido, no olvidar que los dispositivos que utilicemos deben estar al servicio de esta interacción comunicacional. Dicho de otro modo, nuestro sistema debe promover la conversación entre el líder y los integrantes del equipo, mientras más se converse en torno a las metas del equipo, y el papel que la gestión del colaborador cumple en ello, pues tanto mejor. Todas las acciones que se puedan tomar en pos de maximizar la probabilidad de que un objetivo se cumpla, deben ser debidamente acordadas entre las partes mediante una conversación franca.

b) El segundo principio guarda relación con La Colaboración y se refiere al ánimo que debiesen tener las conversaciones en el marco de la gestión del desempeño. Se trata de poner los diferentes puntos de vista, opiniones y visiones acerca de las metas y la mejor manera de cumplirlas, al servicio de la construcción de acuerdos. Hay que entender que la claridad respecto del objetivo a alcanzar, así como de los métodos para lograrlo beneficia tanto a los subordinados (ya que así no hay sorpresas a la hora de la evaluación), como a las jefaturas (no hay otro modo de hacer que el equipo cumple las metas) y a la relación ya que se disminuyen los malos entendidos.

c) Y por último, El Compromiso que se establece en cada acción comunicacional destinada a la gestión del desempeño, debe quedar formalizado de modo que constituya una guía para esto. El conjunto de compromisos establecidos entre cada colaborador y su jefatura constituyen los ladrillos que estructuran el compromiso del equipo con las metas de la compañía. En este sentido, el desafío para el líder, será poder pensar en la articulación del equipo de trabajo, como una articulación de compromisos individuales los cuales habrá que acordar y conducir.

Desde este punto de vista, la gestión del desempeño implica la construcción de compromisos, como acto comunicativo; la comunicación, como forma de generar acuerdos y los acuerdos establecidos, como compromisos de desempeño.

* Los principios guía para la gestión del desempeño, fueron como tantas otras cosas, fruto del trabajo en equipo. Particularmente relevante en esta definición es el trabajo realizado por Barbara Sanhueza y Paola Santana.

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Gestión de procesos: una reflexión sobre la rutina

Un levantamiento de procesos parecía ser sólo otro buen proyecto ideado por nuestro comprometido y siempre proactivo equipo de RRHH. Comenzamos con algunos apuntes sobre normas internacionales en la gestión de riesgos, un proyecto iniciado por los “amiguitos” de auditoría. Hay que confesar que lo que me pareció más interesante en un principio, fue su similitud con los mapas funcionales, y la fantasía delirante de darle una lógica consistente con un modelo de competencias, que nos permitiese apoyar la gestión del desempeño con acciones de capacitación en línea con la estrategia de desarrollo organizacional.
De ese modo, nos fuimos de viaje a las sedes seleccionadas en la muestra, con un montón de tarjetas de colores y una pregunta: ¿como hacemos lo que hacemos? El primer indicio relevante, es que en la mayoría de los casos la gente enumeraba las tareas cotidianas, los procesos cognitivos, las acciones propias de la convivencia de un equipo, dejando fuera el resultado; lo que hacemos con lo que hacemos. Entonces hubo que transformar la pregunta en ¿que hacemos con lo que hacemos?, de modo tal de identificar en primera instancia, cuáles eran los procesos que cada equipo llevaba a cabo, en virtud de los resultados que se obtienen.
En efecto, por muy definido que esté el rubro o los productos que se esperan de un equipo de trabajo, encontramos una suerte de “desconexión mental” entre lo que se está haciendo y la razón última por la que eso que  se está haciendo, efectivamente se hace.
Se instala de este modo, una rutina profundamente estresógena en donde la tarea se impone por sobre cualquier otro análisis o juicio que el trabajador pueda hacer respecto a su lugar y su aporte al “negocio”.
La reflexión entonces: ¿hasta donde el quehacer de los/as colaboradores/as, constituye un quehacer con sentido?
no se trata de que hagamos las cosas sin saber por que las hacemos, de hecho, después de un rato de conversación nos encontramos discutiendo respecto a la relevancia de una u otra función, y con creativas ideas para optimizar los resultados. Se me ocurre entonces que es el carácter enajenante de la rutina el que no nos permite mirar nuestro propio desempeño con un sentido estratégico, desde una perspectiva reflexiva, centrándonos en el “cacho”, en la contingencia del día, que nos quita el tiempo y nos nos estresa. Pero que al mismo tiempo hace nuestro día especial y distinto. Sostengo que ponemos nuestra atención en la tarea (y no en la meta), en los medios (y no en los fines), como una forma de sobrellevar una forma particular de entender el trabajo, muy teñida de producción en serie, que nos aliena y nos hace olvidar los resultados esperados, y por ende la responsabilidad que tenemos con estos, concentrándonos en desafíos más inmediatos y que nos reportan la sensación de hacer algo, resolver un problema, pero que en definitiva, a la hora de las evaluaciones, de poco pesan.
Es entonces un gran desafío para las jefaturas el poder transitar entre lo contingente y los resultados, entre lo operativo y lo estratégico ya que si un equipo se pierde, lo más probable es que su cabeza no este lo suficientemente clara.
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La gestión del desempeño

Gestionar el desempeño

Habitualmente se me consulta respecto a la pertinencia y características de un buen sistema de gestión del desempeño (SGD), y acerca de la mejor forma de implementarlo. Ultimamente he reflexionado mucho rspecto a esto, ya que como todo el mundo supone, pero no todo el mundo asume, un buen sistema no es bueno en si mismo, si no que lo es en relación con la organización en la que se implementa, y esto es particularmente cierto cuando se trata de la gestión de personas, ya que depende de estas, de la significación que ellas hagan del sistema, los resultados que tenga.

Esto se debe a que un sistema de gestión del desempeño, tiene que ser principalmente esto, “un sistema de gestión” una herramienta que le sirva a la gente para planificar, conducir, monitorear y evaluar su trabajo y el de sus subalternos (en el caso de los líderes) y por muy bien diseñado que esté, si la gente no le atribuye utilidad, no lo usa y por ende pasa a archivarse junto con el resto de las solicitudes de la gerencia de recursos humanos, que carecen de sentido, cuestan un dineral, y procuran un dudoso aporte al desarrollo organizacional.

Y entonces la pregunta inicial respecto a las características que debe tener un buen sistema de gestión del desempeño se traduce a 3 aspectos centrales

1) Debe hablar el lenguaje de la organización. Es decir, adecuarse a las características de la cultura organizacional, rescatar y fundamentarse en los valores compartidos por sus trabajadores y ser socializado en palabras dotadas de sentido para todos.

2) Debe ser útil. Y con esto me refiero a que le debe servir a las personas que lo usan, particularmente para cumplir sus metas, pero también para ordenarse, para sistematizar registros, para administrar recursos y por sobre todo, para evaluar resultados.

3) Y por último. Cualquier sistema para la gestión del desempeño debe ser implementado mediante capacitación de los líderes, quienes serán los precursores del éxito o fracaso de su implementación. Esto, debido a que la gestión del desempeño primero que todo, es una conversación entre estos y sus equipos, la que es mediatizada por el sistema.

En síntesis, para los/as colegas que puedan encontrarse al igual que yo en estos vaivenes, les recomiendo tres conceptos claves a tener en mente: Ajuste a la cultura organizacional; Usabilidad del sistema y Capacitación.

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El interaccionismo simbólico y el estudio de lo social.

Hoy hablaremos acerca de las consecuencias que el pensamiento de G. Mead y el Interaccionismo simbólico tienen desde el punto de vista práctico. La idea es reflexionar respecto de cómo cuestiones más bien filosóficas, modos de entender al ser humano, el conocimiento y la realidad, cobran una relevancia práctica, en la forma de investigar y construir conocimiento. (Blumer, H. La sociedad como interacción simbólica).

Sobre las causas de todo.

Tengo la impresión que cada vez que no entendemos algo, cada vez que algo nos sorprende, lo primero que hacemos es preguntarnos: ¿por qué? Creo que esto se debe al predominio de las ciencias duras como única forma válida de producir el conocimiento, que ya lleva muchos años intentando buscar las causas de todo, con la idea de que una vez que sabemos qué provoca algo, tenemos control sobre su existencia.

Es así como, al enfrentarnos a un objeto de análisis, sea este cual fuera que sea, nos preguntamos por las causas que lo originan. Un niño le pega a su hermano, y la reprimenda viene en formato de pregunta: ¿Por qué le pegaste a tu hermano?

El otro día un amigo, militante comunista, me decía que había que analizar las “causas” de los resultados en las últimas elecciones, ya que esto nos permitiría saber cómo “rearticular” a las bases políticas. Esto no es muy distinto de lo que nos pasa cuando vemos día a día las noticias y escuchamos “las voces autorizadas” en la línea de la psicología o la sociología, que dan explicaciones de los fenómenos sociales, basadas en las supuestas causales que los originan. Y es así como un violador se transforma, en el acto comunicativo – noticioso (o mediante este), en un exponente de los alcances que una “psicopatía” puede tener; de la misma forma, los golpes recibidos por una mujer de parte de su marido, pasan a ser una consecuencia de su alcoholismo o de la pobreza, y los accidentes de tránsito y el bulling y etc, etc, etc.

Es que las causas del tipo, “la presión social”, o “la influencia de los medios de comunicación”, “la influencia los juegos de video”, “los efectos del trauma sufrido”, que frecuentemente explican (y en este sentido son el conocimiento acerca de las cosas), constituyen explicaciones enajenantes de los objetos sociales, y de paso posicionan a un sujeto, objeto de dichas causalidades. Frente a estas explicaciones no hay mucho que se pueda hacer. Esto a mi juicio es la primera ilusión. La atribución causal que se pueda hacer sobre un fenómeno social dista mucho de dar cuenta de dicho fenómeno. Habitualmente, por el contrario, lo que hace es categorizarlo como un tipo de fenómenos y entregarnos de esta manera una comprensión ajena acerca del mismo. O lo que es lo mismo, convierte al fenómeno, al hecho, al objeto social, en un objeto social “tipo”.

 La segunda ilusión o falacia sería que, quien puede hacer algo respecto al fenómeno social, es un sujeto en particular, con cierto conocimiento o habilidad o talento privilegiado, el que seguramente coincide al menos gremialmente, con aquel que inventa la explicación. Y es por eso que claramente existen problemas sociológicos, psicológicos, legales, financieros que sólo son solucionables o explicables por un psicólogo, sociólogo, abogado o un economista. Digo que gracias al afán de contestar lo que no entendemos con causas, es que existe la figura del experto, de la cual vivimos.

Es que las explicaciones que se hacen acerca de las cosas que pasan, sólo pueden construirse dentro de los límites de lo que podemos explicar y cuando este horizonte son las causas, pues es fácil caer en causales tipo, como el alcoholismo, la drogadicción, la mala educación, el voto de castidad, etc.

El actuar de la comunidad

No existe análisis, si este se hace en virtud de causas, sean estas naturales, sociales o psicológicas.

Dicho de otro modo, la explicación de un objeto en función de las causas que lo originan, lo transforman en substancia, en algo más bien fijo e inerte, objeto de sus condicionantes de producción y al sujeto lo dejan en una posición de resignarse a entender por qué pasa lo que pasa. Las causas constituyen una explicación enajenante.

Pero concédanme una pregunta de tipo causal: ¿Por qué actuamos entonces? Pues, actuamos porque actuamos, y por tautológico que esto resulte, démosle una oportunidad.

Desde el Interaccionismo Simbólico, la acción es su propio producto, se define y elabora a través de la propia acción, como resultado de la internalización de patrones interaccionales, es decir, de acciones de un otro (generalizado) que hemos internalizado a lo largo de nuestra historia.

Recordemos que la psiquis, el si mismo, como señalaba Mead, es el mecanismo de interacción de nosotros con nosotros mismos. El “si mismo” no es estructura sino proceso.

Claro está que esto es sólo una parte de la ecuación, ya que evidentemente los seres humanos no somos, ni nos vemos como entes totalmente programados por las interacciones que hemos internalizado a lo largo de nuestra historia. En efecto, esta programación que implica la interacción social (internalizada en el proceso de socialización), está mediatizada por la interpretación que el sujeto hace del objeto, tanto ante su presencia, como ante la idea de estar en su presencia.

En este sentido, actuamos según significamos el objeto, el mensaje, el contexto, al otro, etc. Los significados son construidos mediante la interacción y los modificamos mediante la interpretación. La interacción es un proceso de interpretación permanente y de modificación de los parámetros interpretativos. Como ya hemos dicho, la psiquis es interacción social internalizada, la psiquis proceso constante, la psiquis no es algo “natural”.

Por otra parte, los objetos tampoco poseen una Realidad propia (ontológica), los objetos son según los significamos, no existen “objetos no significados”, lo que no significamos no tiene significado en si mismo, lo que no significamos, no existe. (El mero hecho de estar pensando en un ejemplo que contradiga esta afirmación constituye un ejercicio constructivo de significación)

Significamos mediante la interacción, la interacción social propiamente tal, en la conversación por ejemplo. Pero también significamos de manera internalizada, anticipamos el significado de nuestras acciones de de las de los demás, la interacción ocurre también en el individuo.

¿Qué estudio de una comunidad?

Desde esta perspectiva, estudiar a una comunidad implica estudiar sus interacciones. Estudiar un objeto, implica estudiar “para que sirve” este objeto, estudiar la función social que este tiene en la interacción, se trata del nivel perlocutivo de las interacciones, se trata de los efectos en términos de las relaciones sociales, los valores, las verdades que construye.

El objeto determina ciertos modos de interacción, cuestiona ciertos modos de interacción, posibilita ciertos modos de interacción; pero también tiene sentido y se constituye en patrones interaccionales concretos que posibilitan su existencia y definen sus alcances.

(Una aclaración que podría ser necesaria, al hablar de objeto, no me refiero aquí a una cosa material necesariamente. Efectivamente un objeto, puede ser una silla, pero también podría ser el amor, o la revolución francesa, o el asesinato de un joven a manos de su hermano por un “Play Station”. Un objeto para estos efectos será necesariamente una construcción social).

Al estudiar un problema, al mirar un fenómeno social, un objeto, no importa si este es verdad o mentira, lo que importa es pensar para que sirve. El análisis pragmático.

Hagamos un ejercicio de identificar objetos.

Ejercicio: Objeto Amor

El día de ayer “twitié”: @D _SoLaR Encuesta para mi clase de mañana: ¿de que color es el amor? Y  recibí algunas respuestas:

@SnMai: RT @D_SoLaR: Encuesta para mi clase de mañana: ¿de que color es el amor? // AMARillo?

@ORlanTUX RT @D_SoLaR: Encuesta para mi clase de mañana: ¿de que color es el amor? // no tiene color es amor  transparente.

@ravaria: El Color del amor: / un fade entre rojo, verde, gris y blanco

Ante mi desconocimiento del concepto de “Fade” pregunto: @D_SoLaR Un Fade de rojo, ¿es como un rojo que quiso ser y no fue? A lo que me responden de manera muy creativa:

@ravaria: @D_SoLaR no, transita (fade) entre colores. El fade a rojo con la pasión; a gris en desencanto; a blanco soledad; a verde en esperanza.

Lo cual, desde esta perspectiva tiene mucho sentido ya que: @D_SoLaR RT @ravaria: Justamente ponerle “color” al amor es algo enajenante, es darle sustancia a algo que no lo es; que es un proceso.

Construyendo el si mismo para otro que habita dentro de mi

Sin embargo, el objeto amor no siempre ha sido lo mismo y mucho menos ha “tenido” el mismo color, por más o menos “color” que uno le ponga, el amor cambia, se transforma. Si pensamos en el amor de los griegos, que se daba(n) de todos/as con todos/as, con pedofilia, sadomasoquismo y otras perversiones varias, la verdad es que no nos suena tan amoroso. Mas amoroso nos suena el amor a la francesa claro está, dependiendo de los gustos. Y si nos preguntamos por el color del amor probablemente nuestra respuesta sea entre rojo y rosado. Rojo por la pasión, que se asocia al calor o francamente a la “calentura”, que es la forma en que muchas comunidades describen a un estado febril y de pérdida de la razón. Es más, en muchas (por no decir en todas) las historias de amor, hay alguien que pierde la razón, la claridad, el tino. No por nada se dice también que el amor es ciego, y para que hablar de la prueba del amor que podría ser de color “rojo fuego”, donde el fuego no sólo te puede hacer perder la razón sino que todo lo demás. Pero también el amor es de color rosado, que es como un rojo que no alcanzo a ser rojo, como una intensión de rojo, y que grafica esta idea del amor más “casto y puro”, una idea que insiste en diferenciar el amor de la pasión, aquí la “prueba del amor” tiene que ver con el aguantarse, y el rojo es más bien una pasión velada, que nos guste o no, es una forma de practicar/significar/interactuar el amor.

Pensar el amor en este sentido nos invita por demás a hipotetizar correlaciones con los procesos históricos y pensar en la relación que esta simbolización de colores puede tener con la aparición de la píldora anticonceptiva, el hipismo, la inquisición y la quema de brujas o el movimiento pokemon. Con esto quiero decir que el objeto social “amor” es un proceso y unos modos de relacionarnos que se constituye a partir de normativas socialmente producidas mediante el relacionarnos.

Otro ejemplo: pensar en “ojos lindos” al menos en nuestro chilito, implica muy probablemente pensar en el color de los ojos. Generalmente los ojos “lindos” son los ojos claros, celestes, azules o verdes, lo que implica que a la gente de ojos lindos podría irle mejor en bastantes ámbitos de la vida en Chile y es que, cuando un objeto cobra valor, (en su significado), el sujeto que lo porta también cobra valor, el valor se construye en la interacción.

De este modo “el Cizarro” – como se conoce a un niño de 10 años, descrito en su facebook (que no se si fue hecho por él) como: “sOy monrrero cogotero y lanza.. tengo 10 año… y tengo cualquer millone!!! Entero loko y duro!” debajo de lo cual se lee: “A 1.971 personas les gusta esto” – podría ser, a la luz de los hechos, un sujeto competente en términos que en su contexto, en su comunidad, su actos lo revisten de la “choreza” necesaria para ser “alguien”, de hecho se comenta que sus pares señalan de él que “tiene la cana ganada”, lo que implica que una vez que cumpla la edad como para responder con cárcel ante sus delitos, no tendría que pasar por las vejaciones por las que habitualmente pasaría cualquier primerizo o recién llegado a un recinto carcelario. El Cizarro, muy por el contrario es alguien que sale en la tele, alguien que “no se achica” frente a la autoridad, un “choro” de tomo y lomo, alguien capitalizado, socialmente valorado.

Y así como el Cizarro, a su pronta edad, ha llegado a ser alguien, todos/as, de una u otra forma nos pasamos la vida intentando ser un alguien que tenemos en nuestra cabeza y que sacamos de nuestras experiencias. Así como elegimos nuestra carrera, nuestra vocación, y desde chiquititos una de las primeras preguntas que aprendemos a responder versa sobre lo que “seremos cuando grande”; también día a día nos vestimos y performamos ese alguien que creemos ser. Nuestra propia identidad se constituye en forma de actos y discursos que ponemos en nuestras interacciones. Vestirse no es ponerse ropa, es ponerse valor, cuando uno se viste, se reviste de un cierto valor, de ciertos significados que potencian nuestro significado en cierto contexto. “como te ves, te tratan”

Luego de estos ejemplos, podríamos concluir que el objeto, no tiene valor en si mismo, si no que el valor es subjetivo y la subjetividad es la sociedad puesta en nosotros mismos.  Los objetos son su significado, los significados tienen historia, hay transformación y permanencia, es por esto que no sirve, estudiarlos como substancia, o naturalizarlos, psicologizarlos o sociologizarlos. Muy por el contrario, se trata de  identificar en ellos: Relaciones, sujetos y prácticas sociales. El significado de los objetos no es un “porqué” sino un “para que”, debemos entender el significado de un objeto social como resultado y causal de si mismo en un contexto histórico determinado, que lo determina. El significado posee un carácter histórico.

Tradicionalmente los significados para una comunidad se han estudiado viendo lo que se repite, no obstante, una comunidad no se define por su homogeneidad (por lo que tienen de iguales) sino por lo que tienen en común, por sus asuntos y las posiciones que los sujetos de dicha comunidad adoptan respecto de ellos. Con esto, se nos cae la estadística, ya que no sirve aquí ver lo que se repite, el promedio, la media o lo que sea, ya que lo social está dado por la interacción y no por la homogeneidad. Lo que importa en el estudio no es lo normal o lo anormal, sino por el contrario lo que es razonable, cómo es que se vuelve razonable, y para qué se vuelve razonable. Volviendo al ejemplo: ¿Cómo es que el Cizarro, se transforma en héroe, se gestiona y capitaliza en su contexto social?.

¿Por qué? Es una pésima pregunta para investigar, sirve mucho más el ¿cómo? Y el ¿para qué?

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La persona: Apuntes sobre George Mead y el Interaccionismo Simbólico.

¿Qué es pensar?

Es una pregunta no menor, si consideramos que es lo que hacemos la mayor parte del tiempo aunque se trate de puras leseras, pensar no es algo que tenga que ver con hacer cosas inteligentes y de hecho, probablemente ya llevemos un rato pensando en que es pensar, y es que parece que todo lo que hacemos involucra de una u otra forma el pensar. Incluso aquellas cosas que hacemos sin pensar, están acompañadas de pensamiento, aunque sea después de hechas. Y más que eso; ¿se han puesto a pensar que aquellas cosas que hacemos sin pensar podrían formar parte de una categoría de cosas bastante pensadas?, tanto que si le pedimos  dos grupos que enumeren cosas del tipo de las que “se hacen sin pensar”, probablemente nos encontremos con dos listados de cosas bastante parecidos. Es que el repertorio de conductas del tipo “lo hice sin pensar” posibles de ejecutar ya ha sido lo suficientemente pensado por la sociedad. Psicólogos/as y abogados/s han pensado mucho en todo esto.

Pero vamos por partes, cuando pensamos en algo, llegamos casi automáticamente a la conclusión de que no solo pensamos el “algo”, sino que además pensamos que pensamos en algo, o sea que nos pensamos pensando en algo y por eso reconocemos que lo que pensamos acerca de algo, es algo que pensamos nosotros, algo así como una opinión. Y entonces, si pienso en mi, necesariamente tengo que ponerme desde un lugar distinto a mi. Por esto es que necesitamos un espejo para mirarnos, el espejo nos permite ponernos en un lugar distinto para poder mirarnos. Cuando uno se mira al espejo, SE mira, mientras que si uno se mira la mano, mira SU mano, y la mano deja inmediatamente de ser uno para ser algo que nos pertenece, la mano ya no es “uno” sino que es algo de uno.

Entonces se podría decir que Uno es la existencia de uno, y si la existencia de uno es una constatación, o el pensamiento acerca de uno, y como para pensar en uno tenemos que ponernos fuera de uno, entonces uno es dos.

Esto es lo que señala Mead cuando diferencia a la persona del organismo, en tanto que la persona es por así decirlo, un organismo consiente de si mismo. Pero uno es dos también porque los parámetros que nos permiten pensarnos, son parámetros sociales, la referencia que hacemos de nosotros es social porque los significados que nos permiten sabernos son comunicacionales y por tanto sociales, en adelante diremos: interaccionales.

Pensar es entonces: Interacción simbólica de uno, con uno mismo. Es interacción social generalizada. O dicho de otro modo, La interacción es el fundamento del sujeto.

Pensémoslo de otro modo. El proceso de socialización tradicionalmente es entendido por el sentido común como la forma en que la persona va aprendiendo la vida en sociedad. Sin embargo, desde esta perspectiva el razonamiento es un poco distinto ya que no se trata de incorporar contenido en una psiquis preexistente, desde esta perspectiva el proceso de socialización es la psiquis misma.

Yo |Mi |Otro generalizado constituyen procesos

Una pregunta útil para entender esta diferenciación que cabe señalar, es únicamente pedagógica es: ¿Como reaccionamos frente a las situaciones extremas?

Por ejemplo:

Si se pone a temblar, ¿qué hacemos/hicimos? Diferenciar lo espontaneo (patrón social) y el relato de lo espontaneo, diferenciar el Mi del Yo.

Si pillas a tu pareja con otro/a, ¿qué haces? (todas las respuestas posibles de esto dan cuenta de patrones sociales introyectados).

  • MI: vendría siendo lo espontaneo, que en ningún caso debe entenderse como algo propio del individuo, como algo autentico, si no que se trata de lo espontaneo en el sentido de la programación social, de la ejecución de patrones de comportamiento aprendidos. La gracia de estos comportamientos aprendidos, es que no requieren de ser previamente pensados, nos salen como en “piloto automático”, sólo los actuamos.
  • YO: es el proceso de observar el mi, es lo que hacemos con lo espontaneo, es por así decirlo la modulación del impulso, el Yo es el que toma distancia y observa al Mi como objeto, y que nos permite irlo per formando. ¿Les ha pasado que están en una reunión planteando un tema y se dan cuenta que lo que habían pensado decir no está teniendo el efecto esperado?, ¿Y uno empieza como a arreglarlo en el camino? De eso se trata el comportamiento social, veremos más adelante que se trata de “salir jugando”.
  • El otro generalizado: tiene que ver con el concepto del otro introyectado y generalizado, no se trata de un otro en particular, sino más bien de lo que hemos aprendido de la observación de otros, un repertorio conductual que operamos automáticamente.

En la espontaneidad de nuestro actuar modificamos la conducta para hacerla coincidir con otro. Otro que está allí, pero que antes de estar allí está en nosotros mismos. Se trata de lo plausible de la reacción que otro podría tener. Un prejuicio que hemos aprendido en nuestra historia, que es una historia de interacciones introyectada.

Las posibles reacciones que el otro puede tener con lo que digamos o hagamos es algo que suponemos (lo tenemos en la cabeza), y lo más raro es que la mayoría de las veces, lo suponemos bien, le achuntamos y conseguimos provocar en el otro eso que casi sin pensar esperábamos provocar. Y si no le achuntamos medio a medio, lo vamos regulando

Podemos decir entonces que: La conducta se modifica en la conducta

Permanencia / Cambio

Aquí se produce una primera paradoja, y es que en la interacción se produce a la vez Permanencia y Cambio, lo que permanece guarda relación con eso que hace posible que sepamos cómo comportarnos en un lugar al que vamos por primera vez. Aunque no nos hayan dado instrucción alguna, tenemos una alta probabilidad de ser “adecuados”. Esto debido a que hay algo que permanece, que se mantiene estable, algunos le llaman costumbre, cultura, idiosincrasia, ideología, sentido común, ser “ubicado”, lo obvio de hacer, “donde fueres haz lo que vieres”. Sin embargo si todo fuera así, pura programación, el colmo de la “eficiencia social” sería una vida fome, o más bien, como que no sería vida,  pero por suerte, en la conducta se modifica la conducta, y entonces si bien es cierto que poseemos un repertorio conductual, más o menos establecido este se va modificando, nos vamos adaptando, adecuando, “surfeando en las olas del devenir interaccional”. Es en esta contradicción que se constituye la identidad, uno es otro de si, nuevito y modificado, pero que es igual al anterior y así sucesivamente, lo que puesto en el tiempo nos da la sensación de continuidad, como que continúo siendo yo, el mismo de hace un rato, el mismo de hace 37 años.

Nosotros los de entonces, ya no somos los mismos

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.

Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

Particular / Universal

Una segunda contradicción guarda relación con la concepción del sujeto, como realización del universal. La idea de sujeto, de persona es, como ya se ha dicho, el significado de mi mismo, el cual ha sido construido socialmente en una cadena interminable de interacciones y aprendizajes, soy, por así decirlo, el repertorio conductual aprendido a través de mi propia historia, soy la sociedad dentro de mí.

Psiquis / sociedad

Tradicionalmente se ha entendido “social” como antónimo de “individual”, y en donde lo individual ha sido entendido como lo personal, como lo “íntimo”, individuo es como indivisible y por lógica lo social podría ser dividido en un montón de individuos.

Pues, desde esta perspectiva la cosa es distinta. Como ya hemos dicho lo individuo que somos, lo particular que somos, es una definición que tiene sentido en una comunidad, en un contexto, y hemos llegado a ser eso que somos, “incorporando” lo social en nosotros, es todo lo que podemos hacer dentro de una comunidad, lo que constituye nuestra psiquis, tanto en su forma como en su contenido. La psiquis no es únicamente las cosas en que pensamos, los afectos que tenemos, son también la forma en que pensamos y procesamos el afecto. Lo que hemos aprendido en nuestra historia interaccional.

Establezcamos algunas definiciones:

Comunicación: acto productivo, hacer que el otro haga algo (reflexión acerca de la dinámica comunicacional, expectativa de lo que el otro va a hacer con lo que digo).

Racionalidad: razonabilidad, Ser adecuado, lo competente del sujeto comunicacional tiene relación con producir la reacción esperada en el otro.

Pensamiento: interacción social generalizada, sólo pienso en los términos que piensa mi comunidad, dicho de otro modo, mi comunidad piensa a través de mí.

Persona: finalmente es uno capaz de tomarse a sí mismo como objeto, de interactuar consigo mismo. Esta interacción es posible gracias al significado que tenemos del otro, o de los otros posibles

Uno es más competente dentro de una comunidad mientras más tenga “dentro de sí” a la comunidad, mientras el repertorio conductual sea valorado por otros, las cosas le resultan a quien es mas competente, los chistes que dice son chistosos, las proposiciones que hace, “hacen sentido”, la sugerencias que hace son justo ”lo indicado”, sus reflexiones serán ”inteligentes”, etc.

¿Cómo es que uno deviene en persona?

1)      Cuando la guagua es pequeña hace una primera asociación entre estímulos, que le llaman el Fort – da. (cuando el “cabro chico” bota el tenedor, y uno lo recoge, y él lo bota, y uno lo recoge y él lo vuelve a botar y al cabo de un rato descubrimos que no estaba jugando con el tenedor, si no que con uno)

Se trata de una primaria y lúdica conexión entre acción y reacción. Es a través de la repetición que la comunicación se vuelve praxis.

2)      Roles: Hay un segundo momento en donde el juego de los niños ya no es mera manipulación de la reacción del otro, sino que desempeña roles, los cuales sin embargo, adopta de manera arbitraria. El niño comienza a ensayar por imitación los roles que encuentra disponibles en su entorno. No existe aquí acuerdo o regla alguna. Es por esto que justo cuando creemos que existe conexión, entendimiento y armonía, nos dan un incomprensible golpe en la nariz, o simplemente quedamos fuera de la lógica del juego, que segundos antes creíamos entender perfectamente.

3)      Haguemos que…

Aquí, se continua con un juego de roles pero que sin embargo es mas negociado, de hecho la negociación de los roles, a pesar de que parece algo previo al juego, muchas veces constituye el juego en sí mismo.

Cobra sentido entonces, la pregunta acerca de ¿qué me van a hacer? o ¿qué me va a pasar?, Que es otra forma de preguntarse por las consecuencias de desempeñar uno u otro rol, aquí comienza el entendimiento del rol en acción, en el juego: “el paco-ladrón”, si soy el “paco”, debo saber que implica actuar como “paco” y si soy ladrón, lo mismo.

4)      El Deporte, en el deporte se puede encontrar la metáfora del último estado de este proceso, en donde el otro se abstrae al máximo, ya no es necesario aquí negociar los roles, ya se sabe quién es quién, y todo el repertorio conductual que el rol requiere, no es necesario aclarar que el árbitro no hace goles. Ya no es necesario anticipar las consecuencias, la pregunta ya no es ¿que me irá a pasar? Si no: ¿es correcto?

Para jugar un deporte se requiere toda la estructura de relaciones del deporte en mí.

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Clase 3: Construcción de Problemas Psicosociales.

Clase 3: Construcción de Problemas Psicosociales

Hasta aquí, hemos hablado del Giro lingüístico y los aportes de Wittgenstein al respecto y la Teoría de los actos de habla de Austin. Hoy veremos los aportes realizados a la problemática del lenguaje y su rol en las ciencias sociales por parte de la Pragmática de Grice y la Hermenéutica desde Gadamer.

Pero antes, el consabido repaso, esta vez más rápido.

Giro Lingüístico

Tiene que ver con la problematización del papel representacional del lenguaje respecto de la realidad, el cual queda especialmente graficado en la transición de Wittgenstein desde el Tractatus, hasta sus Investigaciones Filosóficas.

Lo relevante aquí, es el paso de entender el significado como referencia, a identificarlo como uso.  De modo tal que ya el problema no será si existe correspondencia entre el significado y la realidad, si no más bien, como el contexto posibilita uno u otro significado de un enunciado. Cuestión a lo que W2 llama “Juegos de Lenguaje”.

De este modo, el papel del lenguaje, mientras “jugamos” con él, va a ser el de dar significado a la realidad que describe, el de describir la realidad definiendo su significado. Realidad y lenguaje, diremos más adelante, se encuentran en una relación dialéctica.

Austin y los Actos de Habla

Por otra parte, la “Teoría de los Actos de Habla” de John Austin, viene complementar esta noción acerca del uso del lenguaje y su papel respecto de la realidad, poniéndole (por así decirlo) categorías que permiten y guían su análisis. Estos conceptos por enredosos que parezcan, nos van a guiar y adiestrar para la problematización de una realidad discursiva.

Austin, se “desmarca” de las clásicas teorías de la comunicación, en tanto que por una parte adscribe a una conceptualización no representacionista del lenguaje y por otra pone el énfasis más allá de los actos cognitivos de la comunicación, tales como la codificación, decodificación y transmisión de un mensaje.

De esta forma, Austin distingue enunciados de carácter constatativo, que son aquellos enunciados que sin más, describen algo, que únicamente pueden ser calificados en términos de si son verdaderos o falsos. Se trata de enunciados que difícilmente “son tema” para alguien que no sea un científico, haciendo ciencia como dios manda (en este caso el principio falsacionista de K. Popper que demarcará aquello que es científico, de aquello que no lo es), a esto Austin le llamó “Falacia Descriptiva”.

Sin embargo, de mayor interés, resultan los señalamientos relativos a los enunciados realizativos, que son precisamente aquellos que mejor dan cuenta de la noción de “actos de habla”, “hacer cosas con palabras”.

De estos se puede decir que corresponden a enunciados cuyo sentido, se da únicamente cuando están puestos en contexto, se trata de enunciados que todo el mundo entiende ya que dan cuenta de la forma cotidiana de hablar, de hecho es muy raro escuchar a alguien hablando en “científico”, los cisnes son negros.

Otro aporte de Austin respecto del análisis del habla común entonces, consiste en la posibilidad de distinguir tres niveles de análisis de un enunciado, más bien de una interacción comunicativa. Estos niveles son el nivel locutivo (locución, lo que se dice), el nivel ilocutivo, lo que digo con lo que digo, que no es la intención, pero se le parece mucho y por último el nivel perlocutivo, que consiste en el efecto de lo que digo y de lo que digo con lo que digo.

¿muy enredado?

Si digo: “lo digo yo”. En el nivel locutivo, lo que estoy diciendo es que “lo digo yo”, sin más; mientras que en el nivel ilocutivo estoy diciendo (queriendo decir), es que lo que digo es verdad…, porque lo digo yo, entonces estoy diciendo: “¡te lo digo yo poh!” con un ánimo más bien autosuficiente, seguro de mi mismo y probablemente, creyendo que tengo más autoridad que quien supuestamente escucha, para decir lo que digo. Hay algo de autoritario en esto.

En el nivel perlocutivo, lo que habría que ver es cuál es la respuesta que obtengo al decir: “lo digo yo”, las que podrían ir desde: “¿y quien más? si estamos solos”, “¿y quién eres tú?”, “¿y quién eres tú para decirlo?”, un simple, “ya poh”, o incluso un silencio, todos estos, son nuevos enunciados que dan cuenta del nivel perlocutivo en el acto de habla, pero más que eso dan cuenta de que cuando uno dice, dice más de lo que dice. El lenguaje, en este sentido, siempre tiene efectos.

Esta conceptualización da cuenta de cómo la comunicación le da continuidad y variabilidad a la vida social, es en esta posibilidad de significación en contexto que se funda la riqueza de la vida social.

Hasta aquí vimos la clase anterior.

Lingüística Pragmática

Quisiera rescatar esta idea de que uno cuando dice, comunica más de lo que dice, ya que en esta parte, de lo que se trata es de sistematizar eso que no se dice en lo que se dice, pero que constituye, sin lugar a dudas significado, más allá de lo que se dice.

Si bien es cierto que la lingüística, clásicamente se ha posicionado en la discusión respecto del signo y la representación o en el formato clásico de emisor, receptor, mensaje, canal de la teoría de la comunicación. La pragmática de Grice, va a concentrar su atención en el uso, lo cual la pone de plano, en concordancia con el giro lingüístico, y la relación dialéctica entre lenguaje y realidad.

La pragmática entonces se va a interesar profundamente en los principios que regulan el uso del lenguaje. Aquí nos interesa la versión de Herbert Paul Grice, la cual se “desmarca” del cognitivismo, que como ya hemos comentado, centrará su atención en las posibilidades de codificación y decodificación del mensaje.

Para Grice no habrá un significado decodificable en un mensaje, los significados no son ni estables, ni preexistentes a una interacción comunicacional. Los significados, son siempre contextuales, es el contexto el que posibilita la comprensión, que no es, ni tiene porque ser una sola.

Se trata entonces de adquirir la destreza para distinguir artefactos en un texto. En el ejemplo del papelito que dice: “Vuelvo en 5 minutos”, y que a primera vista todos entendemos cabria preguntarse: ¿quien vuelve?, pues no sabemos, ¿a dónde vuelve?, pues tampoco, ¿en cuánto rato más?, ¿Cuánto rato ha pasado?, y de a poco nos damos cuenta que en realidad no entendemos. Sin embargo todos estos elementos, frente a la situación real de encontrar el papelito en un lugar físico determinado, nos parecerán un tanto más claros, todo gracias al contexto. Así, si el papelito está pegado en el quiosco de diarios de la esquina, donde trabaja don Fermín, posiblemente tendremos mayor claridad respecto de que hacer, y la perlocución será pues afortunada, o lo esperamos o volvemos en un rato pues, sabemos que don Fermín, no se caracteriza por su puntualidad.

Y así puestas las cosas, Grice va a distinguir dos conceptos a tener en cuenta a la hora de hacer el análisis pragmático, o lo que es lo mismo al analizar el lenguaje en uso. Las deixis y las implicaturas.

Las Deixis: que son aquellos elementos en la estructura del lenguaje relacionan lo que se dice con el contexto, será posible distinguir diferentes deixis o deícticos, que pueden ser:

  • De persona: que definen quien le habla a quien, cual es el rol que desempeñan los interlocutores o a quien refiere el texto
  • De lugar: que posicionan lo que se dice en un lugar determinado.
  • De tiempo: que referencian temporalmente lo que se dice.
  • Del discurso: que posicionan algo que se dice en relación a otra cosa que se dijo o se va a decir, de estos hay muchos en este escrito, “como se verá más adelante”, “de acuerdo a lo anterior”, “en ese mismo sentido”, “por lo tanto”,etc.
  • Deixis social: que hace referencia a distinciones sociales de los roles implicados en la interacción comunicacional.

Las implicaturas: que son precisamente aquello que implica lo que se dice. Dicho de otro modo, se trata de las inferencias que se pueden hacer respecto de lo que se dice. Aquí se vale hacer una precisión ya que Grice, distingue entre implicaturas convencionales e implicaturas no convencionales, que podemos también llamar, conversacionales o incluso contextuales.

Las implicaturas convencionales son aquellas inferencias que se desprenden del significado de las palabras que se emplean, mientras que como ya supondrán, aquellas no convencionales o conversacionales, guardan mayor relación y dependencia con el contexto. De hecho las implicaturas conversacionales dan cuenta de una producción de sentido que va mucho más allá de las palabras.

De este modo, cuando uno le dice “oiga” a otra persona, lo que como ya imaginarán, es una deixis de persona, a la vez que una deixis social, constituye una implicatura una vez que se la pone en un contexto, si se trata de una madre que le dice “oiga” a si hijo pequeño, probablemente lo que quiera decir es que “eso no se hace”, si lo dice un desconocido a un caballero en la calle, probablemente se trate únicamente de un llamado de atención y si es entre dos amigos/as de años, será síntoma que algo extraño ocurre y que quien lo dice, está poniendo cierta distancia con la deixis social.

Grice, a su vez plantea que la implicatura conversacional opera en base al principio de cooperación, que no es otra cosa que el supuesto base de que para que haya conversación debe haber una cierta voluntad de entendimiento y que esta voluntad de entendimiento opera en función de ciertas máximas: la máxima de cantidad (se dice lo justo y necesario), de cualidad (veracidad), de relación (pertinencia), de modo (la información se entrega de manera ordenada, precisa).

Hermenéutica

Otro aporte a considerar entre estas reflexiones guarda relación con la Hermenéutica, en tanto que desde aquí rescataremos algunos principios que, valiéndonos de lo anteriormente dicho, servirán de contexto, para dar sentido y significado, razón de ser a lo que hasta aquí hemos dicho. El término hermenéutica proviene del verbo griego “hermeneutikos” que significa interpretar, declarar, anunciar, esclarecer y, por último, traducir. Significa que alguna cosa es vuelta comprensible o llevada a la comprensión.

Hermes era un dios griego… http://es.wikipedia.org/wiki/Hermes

En la mitología griega Hermes (en griego antiguo Έρμῆς) es el dios olímpico de las fronteras y los viajeros que las cruzan, de los pastores y las vacadas, de los oradores y el ingenio, de los literatos y poetas, del atletismo, de los pesos y medidas, de los inventos y el comercio en general, de la astucia de los ladrones y los mentirosos.1 El himno homérico a Hermes le invoca como el «de multiforme ingenio (polytropos), de astutos pensamientos, ladrón, cuatrero de bueyes, jefe de los sueños, espía nocturno, guardián de las puertas, que muy pronto habría de hacer alarde de gloriosas hazañas ante los inmortales dioses.»2

El rasgo principal en las tradiciones sobre Hermes consiste en su papel de heraldo de los dioses, puesto éste en el que aparece incluso en los poemas homéricos, compartiendo esta función con Iris. Un intérprete que cruza las fronteras con extraños es un hermeneus (έρμενευς). De Hermes procede la palabra «hermenéutica» para el arte de interpretar los significados ocultos. En griego un hallazgo afortunado era un hermaion (έρμαιον).

Ojo que su traducción a la mitología romana Hermes era Mercurio, igual que nuestro diario, ¿será que con esto estamos pensando que trae consigo la voz de los dioses?

Entonces, al hablar de hermenéutica, estamos pensando en la noción de interpretación, en la atribución de significado, en el dar sentido, cuestiones todas que hemos venido hablando durante toda la primera unidad del curso, sin embargo la Hermenéutica es un complejo corpus de conocimiento del cual nos interesa recatar algunas nociones, que como ya se mencionó anteriormente nos servirán de contexto, de campo de significación para dar sentido a lo que pretendemos hacer en este curso, construir problemas psicosociales mediante el análisis de una realidad lingüística.

Critica al positivismo ingenuo

La idea de interpretación echa por tierra cualquier posibilidad ingenua y positivista (a esta altura parecen conceptos sinónimos) de descubrir, develar una verdad única y preexistente, independiente de los dichos que puedan existir sobre ella.

Comprensión como modo de ser

La comprensión, desde este punto de vista, se escapa a años luz de la noción cognitivista de decodificación, no se trata ya de una acción humana entre otras. Dicho de otra manera, la comprensión no es algo que pueda optar hacer, no es como comer o no comer, dormir o no dormir, entrar a clases  no entrar a clases. Siempre tenemos una comprensión del mundo y tanto es así que apagásemos la comprensión, lo que desaparecería es el propio mundo y el mejor ejemplo aquí es el “apagón de tele”.

Lingüisticidad del ser

Dicho lo anterior, la visión del otro y de uno/a mismo/a, corresponde a una inscripción lingüística del/a otro/a o de  uno/a  mismo/a. De hecho tenemos nombre, se trata de Pepito. Incluso más, podría en este frio texto, referirme a quien fuera que sea, y efectivamente hacerlo ser. Luego, nuestro propio ser, tiene un carácter lingüístico ent tanto somos la comprensión de nosotros mismo, autoconcepto también le dicen los/as psicólogos/as.

Historicidad y Finitud

Esta forma radical de entendimiento obliga a situar la comprensión en un momento, historicidad, y con cierto “alcance”. Toda interpretación, todo entendimiento, toda producción de significado ocurre en un momento que es también su contexto y sus posibilidades de sentido.

Horizonte de sentido

Y de lo anterior se desprende que las posibilidades de interpretación son también acotadas y finitas, no podemos ver más allá de lo que vemos y no podemos entender mas allá de nuestro horizonte de sentido (a esto yo le llamaría nuestra ideología), uno efectivamente podrá desplazarse hacia otro horizonte de sentido e inclusive ponerse “más arriba” para ampliar dicho horizonte, sin embargo a falta de referencias fuera de este, pierde relevancia el “área” que este pueda definir.

Círculo Hermenéutico

Puesto lo dicho en su versión dinámica, lo que tenemos en una cadena de interpretaciones que constituyen el llamado circulo hermenéutico, es decir que una comprensión histórica y finita acerca de algo, al ser nuevamente comprendida es nuevamente refundada, la historia aquí deja de ser un cúmulo de hechos ocurridos en el pasado, si no que se vuelve siempre actual, como una nueva comprensión de algo.

¿y todo esto para qué?

Para hacer una defensa y revaloración del prejuicio, para entender el prejuicio como horizonte de sentido y no como un error del observador, de aquí en adelante entonces no se tratará de deshacerse de los prejuicios como un/a buen/a científico/a o fenomenólogo/a, sino más bien de hacernos consientes de ellos y plantearlos al pronunciarnos profesionalmente, como investigadores frente a algo.

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Psicología, estética y transformación social

Control
(Dante Solar, “El Doble filo de la letra: Poemas de sol y edad”)

Control, la primera fantasía;
la segunda será la certeza de tu nombre
y que en el desierto no hay vida.

Más allá de los preámbulos,
la causa no es más que una excusa.

Más acá de nuestros muertos,
el efecto, sólo daños colaterales.

Quizás el destino tenga lugar
en las precarias almas de la noche y las luces,
para nosotros la tercera mentira, será el orden,
aquella intima esperanza de poder entendernos
de poder mirarnos al espejo
y ver algo más que huesos,
como renglones para la palabra “carne”
como si pudieses nadar en lo posible,
como nadan tus fogatas en la noche,
como si pudieses entrar por la ventana y mear,
en verdad,
el trono del patrón
como si pudieses mirar la cordillera
y nombrar algo más que su belleza,
como si tuvieses esperanzas

(y miras hacia arriba cada ves que las tienes)

como si tuvieras tristezas

(y miras hacia abajo, lugar de demonios)

y te crees uno (“1″), erguido en tu prepotencia de especie humana
tan en el centro como nadie
tan exacto como tus fronteras
tan reales, como la bota que te pisa
todo esta dicho

el Control,

la primera verdad
y no es la nuestra

Recuerdo de nosotros

El recuerdo es siempre una construcción hecha desde el presente, artilugio que emerge como un amasijo de sensaciones y sentidos, significados a la luz de particulares condiciones de producción. El “hacer memoria” se hace posible en virtud de un acto intrínsecamente colectivo, como resultado de un hacer situado histórica y políticamente, como emergencia de un entramado de relaciones de poder, desde las que la ideología es significada como verdad. No se trata de falsa conciencia, pues no existe verdad verdadera e independiente. Se trata de la conciencia que hablamos, la única conciencia posible de ser puesta en palabras (en actos), me refiero al ejercicio cotidiano de resignificar los significados para performar el presente, de articular memorias como ladrillos e inaugurar con aires de conquistador, los tijerales del futuro. Habitamos el mapa de las esperas y las esperanzas sobre nosotros mismos.

Somos el discurso de nosotros, escrito sobre una ecuación perfecta que anula el tiempo, nos afirmamos sobre la base de ser los mismos de siempre, una falsa igualdad que deja al otro lado de nosotros, a nosotros mismos, invariablemente idénticos y ciertos de nuestro nombre y de nuestra piel como límites objetivos e identificables. Nadie cuestionaría la identidad, para mi mismo es difícil pensar que el que empezó a escribir este texto no sea al mismo que escribe y rescribe palabra tras palabra, tratando de sonar coherente y ordenar un delirio que va más allá de las posibilidades.

El recuerdo y el tiempo se confabulan para dar origen a la primera de nuestras certezas: “ser”.

La estética del relato de nosotros

Perplejo reviso mis letras y constato que pese a mis ganas el texto que precede tu mirada me parece filosófico. Es que entre tanta pregunta inútil acerca de si somos o no, se entrelaza una enredadera de sentidos y evocaciones que apelan a cuestionarnos, a rescribir ambiciosamente la realidad escrita mil veces.

Las evocaciones de los textos suelen carecer de contenido, habitualmente el ejercicio literario produce imágenes reificadas del texto, habitualmente nos quedamos con la impresión de “captar” la idea o la imagen que se supone, el autor pretendía mostrar, y suponemos que hacemos “lecturas” que consideramos “interpretaciones” de algo fijo e inamovible, la voluntad del creador.

No obstante lejos de captar (o no), la esencia o intención de quien escribe habla o actúa, lo que hacemos es poner nuestra intención enajenada, como si de un objeto se tratase, sobre letras que nos resultan ajenas. Por cierto, se trata de una intención que nos desborda, que va mas allá de nuestra conciencia precaria de individuo trascendente.

Por otra parte, las cosas que decimos solemos posicionarlas en una esfera distinta de la forma que le demos a nuestro discurso. La separación existente entre forma y fondo se establece sobre la base de una retórica que define las posibilidades de significar

Es así como señalamos para contradecir los dichos de otro/a: “es pura retórica”, como si la retórica careciese de contenido.

Lo político de la estética

De la misma forma en que la retórica no consiste sólo en las molduras para dar forma a la que decimos, sino que en si misma constituye la resultante de voluntades involuntarias. La estética constituye en sí misma el ejercicio político del desacuerdo, del conflicto. Conflicto que constituye las manecillas y la dirección del tiempo. La estética no se circunscribe a aquellas cosas que se saben bellas, pues esta decisión (ser bellas) es secundaria, la estética no es el agregado de las cosas, como si pudiesen hacerse las cosas con o sin estética, la estética transita en el intersticio de lo cotidiano…

“Camaradas: proscribamos los aplausos, el espectáculo está en todas partes” (Nanterre, mayo 68)

… lo que somos, lo que hacemos (somos hacer), es en si mismo estético y en ese mismo sentido, político, es posible decir que la estética es la forma de la voluntad, el sentido que tiene nuestra mirada performada por las circunstancias, por la historia, por el deseo, por nuestro caos.

Ley de Gravedad
(Ojos de Brujo, “Bari”)

Voy Pensando en el pasado

viendo de lleno el miedo y enfrentándolo

voy a veleta perdía

Llevá por lo que más brilla y con ventilación

Voy sin brújula ni prisa

en mi soledad me encuentro en tecnicolor

Voy sin huir de este tiempo

aire pa los laberintos de mi corazón

Las palabras que no son

Son paja en el camino

Los amigos que no son

Son sonámbulos de pasillo

¡¡¡Dime dónde estás, dime dónde vas, dime lo que ves!!!

Ley de gravedad…

no necesito tener alas pa volar

Ley de gravedad…

el viento gira y la veleta sigue igual.

Pero los pa siempre

dicen lo que ves

los pa siempre, este mundo del revés

pero los pa siempre

dicen lo que ves

pero los pa siempre!!! Pero los pa siempre!!!

Grabado: Kanaima de Claudio del Solar

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Mi idea

Este texto lo escribí hace bastante tiempo ya, como un ejercicio “pelacable” de problematización de lo obvio, de algo que diésemos por sentado, hoy sólo producto de lo pelacable que se me ha vuelto este espacio, me permito publicarlo con la secreta intención de obtener alguna clase de retroalimentación, a ver que le pasa cuando lo lee…

…y dice asi:

Históricamente, la noción de propiedad respecto de las cosas ha quedado establecida en el campo de lo obvio, hoy en día nos resulta obvia la propiedad respecto de los bienes que adquirimos e incluso de aquellas cosas que no tienen dueño conocido, casi automáticamente anteponemos el posesivo “mi” para referirnos a aquello que nos rodea y sobre lo cual creemos que podemos ejercer algún tipo de acción “voluntaria”, y hablamos con propiedad de “mi computador” o “mi almuerzo”. Más difícil, pero no menos frecuentemente, nos referimos de la misma manera a las mascotas, las novias, o al uso del tiempo, y parece ser que usamos el sentido de la propiedad sobre todo aquello respecto de lo que creemos que podemos ejercer algún tipo de control. No obstante, a la hora de precisar en estos casos, ponemos cuidado en esclarecer que con “mi”, no nos referimos a algo que sea de “mi propiedad”, sino más bien a algo que nos es simplemente “cercano”, y que cuando decimos: “mi amor”, no nos estamos refiriendo ni a la sensación de mariposas en el estómago([1]), ni a la persona en cuya presencia se desencadena tal fenómeno, pues declaramos respetar su libertad y autonomía, y no queremos “controlarla/o” y nos excusamos señalando que es una “expresión de cariño”.

Tanto con las personas([2]) (y no tanto los animales), como con las cosas que pertenecen al ámbito de lo intangible, de lo no acotable([3]), nos resulta difícil o al menos incómodo declararnos “propietarios”. Al encontrarnos una billetera en la calle, sin importar lo bajito que lo hagamos, preguntamos: “¿de quien es esto?”, que es otra manera de preguntar: “¿puedo quedármela?”. Distinto sería el caso de encontrarnos con una bella mirada o una buena idea, no obstante y en tanto que la propiedad de ellas no es tan clara, podríamos de todas formas adueñárnoslas como mejor nos parezca y reclamarlas posteriormente como propias.

“¿viste como me miró?”

“se me ocurrió que…”

Otro sentido en el que se alude a la propiedad respecto de algo, guarda relación con aquellas cosas que nacen o se originan de manera correlativa a nuestras acciones, que comúnmente entendemos como las causas de aquello que llamamos “mío”, tal es el caso de las “creaciones”, que asociamos a la ocurrencia o la genialidad de alguien “creativo/a”. Ejemplos claros de esto encontramos en el arte, la literatura y las ciencias, pero también en el trabajo de los obreros que inventan nuevas piezas para que las máquinas funcionen mejor, o la señora que se le “ocurre” un almuerzo rico para el día domingo. Ideas como la que da “origen” este texto, y que pese que no soy capaz de identificar el momento preciso en el que esta idea nació, o las acciones reales y concretas que realicé para “pensarla”, tengo la firme convicción de que es una idea “mía”, y tan firme es, que le pongo mi nombre arrogándome la autoría de la creación que está en manos del/la lector/a.

Además, lo más probable es que nadie dude de que la idea que está en desarrollo en estas líneas me pertenece, inclusive puedo prever que la calificación de esta será puesta automáticamente junto a mi nombre en el listado de notas de la asignatura.

Pero, ¿puedo afirmar con toda seguridad que mi idea, es realmente mía?

Pablo Fernández([4]) escribió respecto al lugar de las ideas, señalando que sólo por tradición y transmisión cultural tenemos asumido que pensamos con la cabeza, y tanto es así que cuando alguien cree que estas vienen desde un “lugar” distinto, no tenemos dudas en recomendarle que vea a un especialista. Sin embargo no es necesario hurgar mucho para constatar con cierta perplejidad que no es posible distinguir la “ocurrencia de una idea” al interior del cerebro, en tanto que no es posible distinguirla de cualquier otro tipo de actividad neuronal, como la provocada al hacer el amor, leer un libro o soñar, y no queda más que pensar que; o bien las ideas no ocurren en la cabeza, o bien no ocurre otra cosa en la cabeza sino ideas, de tal modo que el acto de escribir el Quijote de la Mancha o el de pegarse un martillazo en los dedos serian “ideas” sustancialmente iguales y físicamente equivalentes, y dado que la única diferencia es de orden cuantitativo, ya sea en términos de la cantidad de tiempo que demora una acción respecto de la otra, del número de sinapsis relazadas en una y en otra, o de la cantidad de temperatura emanada de una o de otra, cualquier otra distinción entre estas pierde sentido.

Dicho esto, debo asumir que no tengo constatación alguna de que la idea de este texto esté “realmente” en mi cabeza y peor aún que exista material y singularmente como tal, ya que el único vestigio plausible de su existencia es el ordenamiento continuo de pixeles en una matriz de 1024 por 768([5]), con lo que cobra sentido la pregunta respecto de qué es eso que llamo Mi Idea, pues claro está que ni la distribución electromagnética llamada “mi_idea.doc”, ni la hoja de papel que contenga estas letras, son efectivamente la idea, si no mas bien representaciones fácticas de la misma, perfectamente reproducibles y apropiables cual objeto virtual o material, pero que por mas propias que sean para alguien, al usarla “deberá” mencionar que pese a que se trata de “su” texto/archivo, no se trata de “su idea”, si no de la “mía”. Esta misma situación extrapolada a obras de valor en el mercado, dista de ser sólo una buena costumbre y se inscribe en el ámbito legal a través del copyright o derechos de autor, penalizando el uso no autorizado de una idea que no es propia y cuya comercialización “indebida” se conoce como”piratería”.

No son pocas las precauciones que ha tomado la sociedad moderna para salvaguardar la autoría y propiedad de las ideas (y por lo tanto en control respecto de las mismas), práctica que se dificulta constantemente conforme aumenta el desarrollo tecnológico y se masifica su acceso. Hoy por hoy no resulta extraño escuchar declaraciones llamando a la buena convivencia y el respeto a la propiedad de las ideas, apelando a principios tanto morales, como de mercado, ninguno de los cuales puede efectivamente constatar las acciones realizadas por el/la “autor/a”([6]) en la producción de la idea, o identificar los límites espacio – temporales que la definen como tal, sino que apelan al reconocimiento social de la propiedad basándose en la obviedad de esta, obviedad que como se ha afirmado anteriormente no lo es tanto.

Dicho de otro modo, es posible afirmar que la idea que le presento, es tan solo “efectivamente” mía, ya que es “mía” gracias al “efecto” que dicha afirmación tiene en la relación social que establecemos y que valida en sus prácticas la posesión de aquello que no se puede definir ni determinar su origen, en el acuerdo de que quien puede hablar con propiedad respecto de algo es quien le puso su nombre primero y que se le reconoce la autoría de la idea en determinado contexto.

Por mi parte, prefiero señalar que enuncio las ideas que enuncio sólo porque se dan las condiciones de posibilidad para que sean enunciadas, condiciones que hoy posibilitan que para nadie que lea este texto resulte extraño encontrarse con mi nombre al inicio, o dirigirse a mí para dar una opinión al respecto, prácticas que pese a ser de muy buen gusto, reafirman la certeza de que las personas piensan ideas y que entre estas hay algunas que piensan más y mejor, cuyo nombre acompaña y valida en forma de citas a otras ideas aun no validadas, y asumidas como “propiedad” de alguien con un nombre menos validado aún y que pretende revertir dicha situación.


[1] que pese a estar “dentro” nuestro, rara vez podemos controlar

[2] Que en algún momento de la historia si le pertenecían a otras personas, y eran controladas en todos los ámbitos de sus vidas.

[3] Definible, en el sentido de ser factible de determinar sus límites, ya sean estos espaciales y/o temporales.

[4] Fernándes P. (2002) “La sociedad que piensa, que piensa la sociedad”; en “Políticas, sujetos y resistencias, debates y críticas en psicología social”

[5] por ahora sólo potencialmente, materializable en una hoja de papel con manchas de tinta que denominamos letras

[6] y no otro distinto que él/ella

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